El matrimonio y los psicoanalistas

El matrimonio y los psicoanalistas
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Esta recopilación nació de una emoción. Ella inspiró a uno de nosotros su editorial que apareció el 10 de enero en Le Point. Sí, es legítimo que las autoridades religiosas digan lo que piensan sobre el asunto del matrimonio gay. No, la legislación no debe conformarse a los dogmas y prescripciones de las religiones. Ejercer una presión excesiva en ese sentido no puede más que perjudicar a la paz civil. El creyente no podría prevalecer sobre el ciudadano, y dictarle su conducta.
[...] El 13 de enero, el segundo se alzaba en el sitio de La Règle du Jeu, contra la instrumentalización del psicoanálisis a fines apologéticos, por parte de los adversarios del matrimonio gay. Vilipendiado desde su nacimiento por todos los tradicionalismos, el psicoanálisis no se ve actualmente integrado al proceso de validación de las creencias. Insistente e intolerable impostura, que disfraza a la experiencia analítica, y que lo perjudica. Jacques Lacan subrayaba, por el contrario, que los seres humanos, puesto que son hablantes, deben cada uno, uno por uno, arreglarse con su sexualidad como pueden, sin que la libertad de sus invenciones sea obstaculizada por un condicionamiento invariable del tipo animal.
[...] Seamos claros. En un asunto como el del matrimonio gay, el pueblo francés, representado por el Parlamento, es efectivamente Dios el Padre. Por una simple razón: es el Parlamento el que debe decidir en última instancia, con el respeto de la Constitución y de los Derechos del Hombre.
[...] El 13 de enero, el segundo se alzaba en el sitio de La Règle du Jeu, contra la instrumentalización del psicoanálisis a fines apologéticos, por parte de los adversarios del matrimonio gay. Vilipendiado desde su nacimiento por todos los tradicionalismos, el psicoanálisis no se ve actualmente integrado al proceso de validación de las creencias. Insistente e intolerable impostura, que disfraza a la experiencia analítica, y que lo perjudica. Jacques Lacan subrayaba, por el contrario, que los seres humanos, puesto que son hablantes, deben cada uno, uno por uno, arreglarse con su sexualidad como pueden, sin que la libertad de sus invenciones sea obstaculizada por un condicionamiento invariable del tipo animal.
[...] Seamos claros. En un asunto como el del matrimonio gay, el pueblo francés, representado por el Parlamento, es efectivamente Dios el Padre. Por una simple razón: es el Parlamento el que debe decidir en última instancia, con el respeto de la Constitución y de los Derechos del Hombre.