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Ressenya
Claude Cahun
Confesiones inconfesas
«No viajar sino a la proa de mi misma.»
Per Sara Forja
29.9.2021

¿Qué cabe esperar de Confesiones inconfesas y hasta qué punto nos hace entender que Claude Cahun tuvo algo que decir en la vanguardia? Lo cierto es que no es fácil introducirse al amplio mundo interior de la autora. Cahun presenta una búsqueda identitaria muy escurridiza: lo que se es nunca es unívoco; la persona-máscara presenta varias voces y múltiples resonancias. No es casual que sus confesiones vengan acompañadas de collages donde ella misma se muestra con distintos rostros, distinta caracterización, múltiples calificaciones. Es éste último aspecto lo que posibilita la creación del andrógino: si la persona es un camino que se ramifica en distintas direcciones, su expresión puede seguir el mismo recorrido. Claude Cahun puede ser la niña que duerme con coletas encima de un armario, un piloto-mimo que dedica una sonrisa irónica al espejo o un sujeto sin rostro, sin facciones, sin pelo, que posa para la cámara. Influida en gran medida por Vidas imaginarias (obra de su tío Marcel Schwob); Cahun recrea un mundo de personajes que dicen y desdicen las confesiones que quiere compartir la autora con quien la lee. Narciso se enfrenta a su imagen en el espejo, pero el reflejo que le devuelve nunca será una verdad absoluta.
Como los buenos vinos, a Claude Cahun hay que disfrutarla poco a poco, fragmento a fragmento. Para captar todos los matices de su escritura hay que detenerse con cautela en los miles de aforismos que plantea la autora. Hay una máxima de Heráclito que dice que un río nunca es el mismo por su cauce: Cahun tampoco es la misma en su escritura. En el fondo, Confesiones inconfesas no deja de ser un ejercicio (un poco intrincado) de honestidad: nunca llegaremos a conocernos por completo. Pero escribir y patentar este devenir rompe con todo determinismo posible.