Poco se intuye a simple vista de esta novela gráfica de título críptico y estética gótica. Lo que sí es seguro, es que, al terminarla, una la vuelve a hojear páginas hacia atrás para asegurarse de que no han quedado incógnitas sin resolver. Una historia costumbrista ambientada en el siglo XIX protagonizada por personajes frágiles y sombríos que se relacionan de manera tormentosa hacen que la obra de Julia Gfrörer resulte atemporal a ojos de quien la lee. La combinación de surrealismo (como un espejo que cobra vida) y la exploración de miedos universalmente extendidos (una mansión habitada por la soledad, la enfermedad y la demencia) son la fórmula para conseguir una buena historia de terror psicológico clásico. Para las morbosas y las aprehensivas, una detalladísima operación ocular al más puro estilo “
Un chien andalou” entre otras escenas truculentas, dividirá el público en dos sectores: las que disfruten de la dualidad repulsión-atracción que estas visiones provocan; y las que tengan que cerrar el libro o pasar las páginas rápido ante el exhibicionismo ligeramente macabro. El uso del claroscuro y los trazos finos e imprecisos, marcas estilísticas de la autora, enfatizan el doble juego visión/alucinación que mantiene la tensión constante a lo largo de la narración y hace que se ponga en duda si lo que vive la protagonista es realidad o ficción.