Los relatos que forman
Reemplazo nos dan a conocer a uno de los autores más desconocidos y sorprendentes de la literatura nórdica; aunque con más precisión deberíamos hablar de fragmentos. La obra se compone de quince monólogos, cuya separación obliga al lector a una lectura atenta y minuciosa para darse cuenta de que pasamos a otro protagonista, a otro escenario o a otro tiempo. Toda esta amalgama de personajes y ambientes configuran el universo de Tor Ulven, donde todo es importante y al mismo tiempo insignificante en su relación con un todo global. Actos cotidianos tan aparentemente simples como buscar una zapatilla debajo de la cama, o una cerveza en la nevera, o la llegada a la playa de un trozo de madera, se convierten en el centro de su narración; detalles que pueden pasar desapercibidos se transforman en literatura. Así pues, todo pasa por la lente detallista del narrador, que se convierte en un observador privilegiado de los acontecimientos. Tal vez el hecho de que el propio Ulven pasara sus últimos años encerrado en su habitación sin poder salir por problemas de salud, influya de forma decisiva en su obra y en su forma de narrar; su contacto principal con el exterior era la ventana de su habitación y las escasas pero interminables conversaciones telefónicas con conocidos. La luz que se filtra a través de las cortinas de su ventana es lo único que configura el espejo de la realidad. El otro elemento que nos hace pensar que hay vida es el lenguaje: “Estas en la cama y a tu alcance solo hay palabras, fragmentos de palabras”.