A la vista


A la vista

Hacia allí fueron los tres y, en aquel lugar lejano y desértico, Ponciano y Sixto mataron a tiros a Serafín Farías y despeñaron el camión por un barranco. Se separaron después y uno tenía que huir al este y otro, al oeste. Pero a veces, cuando se acaba el odio –o al menos el primero, el mayor de los odios–, se descubre lo que nunca se ha querido ver. Ponciano y Sixto, que creían haber cometido el crimen perfecto, comenzarán a deambular por el siempre sorprendente México sadiano y por otro inesperado desierto interior en una huida hacia delante, hacia atrás y hacia todos lados, en pos de ilusiones falsas o verdaderas, en busca de otra vida o de otro sentido para la misma vida.