Retratos y retratos

Retratos y retratos
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Catálogo de la exposición de mismo nombre celebrada en la Fundación Juan March de Palma (22 de febrero – 18 de mayo de 2013) y el Museo de Arte Abstracto de Cuenca (07 junio - 6 octubre 2013).
El catálogo, ampliamente ilustrado, incluye una entrevista a Eduardo Arroyo, ensayos de Oliva María Rubio, Michel Sager, Manuel Fontán del Junco y textos de Fabienne di Rocco.
Con un título intencionadamente redundante, la exposición Eduardo Arroyo: retratos y retratos, que reúne más de un centenar de obras del artista, está centrada en dos aspectos muy presentes en su trabajo durante gran parte de su prolífica carrera de pintor y que, sin embargo, hasta ahora apenas habían sido expuestos y, desde luego, nunca confrontados el uno al otro. Se trata, por un lado, de su faceta de retratista. Arroyo ha sido, desde sus inicios, un pintor de retratos (y autorretratos), interesado tanto por personajes de ficción como por personajes muy históricos y muy reales. Estos últimos han sido el objetivo principal a la hora de seleccionar las obras para esta exposición: autorretratos o retratos de figuras reales, históricas, y no tanto representaciones de personajes imaginarios.
Pero Arroyo ha sido, también, un artista enormemente interesado por otra faceta del trabajo artístico, una actividad para la que aún no hace mucho solía emplearse la palabra "retrato" (en aquellas épocas en la que la gente aún "iba a retratarse"): la fotografía. Y es que, desde siempre, a Eduardo Arroyo le ha interesado la fotografía, de modo especialmente operativo a partir de los años 70. Le atraía no tanto como práctica artística —Arroyo no es ni ha querido ser nunca fotógrafo, ni mucho menos "artista-fotógrafo"—, sino en su papel —nunca mejor dicho— de soporte de la memoria familiar y social; en última instancia, su poder narrativo. En este sentido Oliva María Rubio, comisaria de la muestra y autora de uno de los ensayos que recoge el catálogo, habla de "narraciones fotográficas".
El catálogo, ampliamente ilustrado, incluye una entrevista a Eduardo Arroyo, ensayos de Oliva María Rubio, Michel Sager, Manuel Fontán del Junco y textos de Fabienne di Rocco.
Con un título intencionadamente redundante, la exposición Eduardo Arroyo: retratos y retratos, que reúne más de un centenar de obras del artista, está centrada en dos aspectos muy presentes en su trabajo durante gran parte de su prolífica carrera de pintor y que, sin embargo, hasta ahora apenas habían sido expuestos y, desde luego, nunca confrontados el uno al otro. Se trata, por un lado, de su faceta de retratista. Arroyo ha sido, desde sus inicios, un pintor de retratos (y autorretratos), interesado tanto por personajes de ficción como por personajes muy históricos y muy reales. Estos últimos han sido el objetivo principal a la hora de seleccionar las obras para esta exposición: autorretratos o retratos de figuras reales, históricas, y no tanto representaciones de personajes imaginarios.
Pero Arroyo ha sido, también, un artista enormemente interesado por otra faceta del trabajo artístico, una actividad para la que aún no hace mucho solía emplearse la palabra "retrato" (en aquellas épocas en la que la gente aún "iba a retratarse"): la fotografía. Y es que, desde siempre, a Eduardo Arroyo le ha interesado la fotografía, de modo especialmente operativo a partir de los años 70. Le atraía no tanto como práctica artística —Arroyo no es ni ha querido ser nunca fotógrafo, ni mucho menos "artista-fotógrafo"—, sino en su papel —nunca mejor dicho— de soporte de la memoria familiar y social; en última instancia, su poder narrativo. En este sentido Oliva María Rubio, comisaria de la muestra y autora de uno de los ensayos que recoge el catálogo, habla de "narraciones fotográficas".