El escupitajo

El escupitajo
Serafina empezaba así su propia guerra contra la mafia, el Estado y la Iglesia, y como la pistola de la que no se desprendía jamás no era suficiente, convirtió en su arma a la maquinaria de la justicia. No se contentó con revelar nombres, tramas y delitos; entre el desprecio y la burla, llenó además las salas de justicia de gestos teatrales y escupitajos temerarios que despojaron a los mafiosos de su aura de poder.