La política del negocio. Cómo la Administración Bush vendió la gu

La política del negocio. Cómo la Administración Bush vendió la gu
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La invasión de Irak y el régimen de explotación que se impuso a la población iraquí
fueron sólo las primeras víctimas de la despiadada política corporativa que se inició
con la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca en 2001. La crisis financiera de
2008, los miles de millones que los gobiernos occidentales han destinado a rescatar
los bancos, el aumento del desempleo, el recorte de las prestaciones sociales, la
miseria en la que viven inmersos cerca de un millar y medio de millones de seres
humanos en el planeta, y la espectacular acumulación de beneficios económicos en
las capas más altas de la sociedad han sido el resultado directo de entender la política
como un negocio corporativo.
La Política del Negocio, con un Prólogo de Noam Chomsky, disecciona magistralmente el sistema político de la democracia más antigua del planeta, que permitió a las poderosas corporaciones norteamericanas definir la invasión de Irak como una alternativa política legítima y poner en marcha un sistema de dominación global que sólo ha beneficiado a los intereses corporativos. El libro denuncia la política corporativa como una práctica distintiva de psicópatas, incapaces de sentir compasión moral alguna ante el sufrimiento que sus propias decisiones causan a millones de seres humanos, y advierte sombríamente que la sumisión pasiva que demandan los aparatos de propaganda de las democracias representativas convierten a sus ciudadanos en cómplices inconscientes de las fechorías que sus gobiernos cometen en su nombre.
La Política del Negocio, con un Prólogo de Noam Chomsky, disecciona magistralmente el sistema político de la democracia más antigua del planeta, que permitió a las poderosas corporaciones norteamericanas definir la invasión de Irak como una alternativa política legítima y poner en marcha un sistema de dominación global que sólo ha beneficiado a los intereses corporativos. El libro denuncia la política corporativa como una práctica distintiva de psicópatas, incapaces de sentir compasión moral alguna ante el sufrimiento que sus propias decisiones causan a millones de seres humanos, y advierte sombríamente que la sumisión pasiva que demandan los aparatos de propaganda de las democracias representativas convierten a sus ciudadanos en cómplices inconscientes de las fechorías que sus gobiernos cometen en su nombre.